martes, 23 de febrero de 2010

Capitulo 9




Pelayo se ha quedado muy sorprendido al descubrir que Samuel se hizo cargo del hijo que Yoli dijo que era de él. Es un recuerdo que había querido borrar de su mente, cualquier cosa se imaginaba menos eso.
--¿Te casaste con Yoli ¿¡como?
--Ya te dije, esperaba un hijo mío… ¿qué iba a hacer?
Samuel le enseña a Pelayo una foto de un pequeño de dos años, su Onofre. Pelayo a penas puede ni mirar esa foto.
--¿será mi hijo? –piensa.
Por la fecha se da cuenta que es el hijo que estaba esperando Yoli cuando él desapareció y por lo que le cuenta Samuel , Yoli fue a buscar a su amigo después que él se fuera.
--¡descarada, ese hijo puede ser de cualquiera, ya hice yo bien en desaparecer¡ --dice para sí.
Pelayo prefiere pensar que ese niño no es hijo de él pero lo que tiene claro es que no es hijo de Samuel y le duele que el que fuera su amigo esté engañado.
--¿Pero ella te lo demostró? digo ¿cómo sabes que es hijo tuyo?
Samuel adora a ese pequeño. No tiene ninguna duda que lleva su sangre,
--Onofre es hijo mío, una mujer no miente con eso.
Pelayo fuerza una sonrisa.
--¿y te va bien con ella?
Samuel sonríe resignado:
--No la trago, si no fuera por mi hijo haría mucho que me habría divorciado de ella.
--¿Y tú qué tal?
--Vivo con una chica. Se llama Fátima.
Pelayo aún no se anima a salir del armario del todo y menos con Samuel. Piensa en cómo le gustó y se siente frustrado, no quiere decirle. Samuel siente celos pero se alegra de la felicidad de su amigo. Pelayo es alguien muy especial para él y le gusta verlo. Pelayo se muestra serio, Samuel está más contento.
--¡que alegría verte, tío¡ A ver si no nos seguimos viendo…
--Bueno, yo estoy aquí…
--Claro traeré a mi hijo…
Pelayo quiero irse:
--Tengo trabajo. No puedo quedarme.
A Pelayo no le apetece volver a ver a Samuel , menos a Yoli y al pequeño hijo de ésta. Se siente muy incómodo. Samuel vuelve abrazar a Pelayo. Samuel se va contento de haberse reencontrado con un recuerdo de su adolescencia perdida. Pelayo se lleva las manos a la cabeza.
--¡¡es que sólo a mí se me ocurre trabajar en un lugar tan céntrico¡
Pero estaba seguro que el pasado había quedado atrás. Va un momento al baño. Se lava la cara. Trata de calmarse.
--Seguramente no era hijo mío… Puede ser de cualquiera…
Se lo repite para auto-convencerse. No quiero comenzar a tener culpa aunque sí le duele que su amigo cargue con una responsabilidad que no le corresponde.

Samuel llega a su casa , convive con los padres de su esposa. Ver a su pequeño es su mayor alegría. Su única alegría. Yoli lo recibe fría.
--sabes que he visto a Pelayo?
Yoli siente una fuerte rabia hacia el chico.
--¿¿¡donde viste a ese sinvergüenza?¡
A Samuel le sorprende que pese a los años, Yoli le guarde ese rencor a Pelayo.
--¿porqué tanto odio?¿qué te hizo?
Aunque Samuel es muy guapo ella quería tener al más guapo, a Pelayo. No le perdona no haberla tomado en serio. No le perdona que por su culpa se haya tenido que atar a Samuel cuando lo que hubiera querido es atarse con Pelayo.
--¿y te parece poco que me tomara y luego me tirara sin decirme nada?
Samuel no siente ningún tipo de cariño hacia su esposa:
--mucho no te dolió porque te ofreciste a mí en seguida…
Yoli lo bofetea.
--¡¡eres un imbécil¡
--tú no eres mucho mejor.
Se miran con desprecio aunque cuando su hijo está delante traten de comportarse porque no quieren que ya desde tan pequeño tenga que vivir las broncas de sus padres.


A la hora de la comida, don Pelayo se sorprende de la presencia de su hijo.
--hijo, que sorpresa…
Don Pelayo besa a su hijo que está muy nervioso. Balbucea que si mi hijo, que si el hijo de Samuel , que si Yoli. Don Pelayo trata que se calme. Es muy cariñoso con su hijo.
--Si no te calmas no me voy a enterar de nada…
Pelayo le cuenta de Samuel , que él se hizo cargo del bebé de Yoli.
--bueno, ya no tienes que preocuparte de esa perdida…
--¡pero no es justo, no era la responsabilidad de Samuel ¡
Don Pelayo pone su mano en la pierna de su hijo y muy cariñoso le dice:
--Esa era una cualquiera de mucho cuidado. Tú no tienes la culpa que tu amigo Samuel fuera tan confiado. Tú siempre supiste que esa barriga se la pudo haber montado cualquiera y el tiempo te ha dado la razón… Estoy seguro que ni ella misma sabe quien la preñó y que sólo buscaba un idiota para cargarle el muerto, que fue tu amigo, pues lo siento por él pero no es tu responsabilidad, tú sólo buscabas divertirte al igual que él. Esa zorrita ya tiene lo que quería, ya no se acuerda de ti, tú olvídala también.
Don Pelayo ha logrado borrar la duda que se le está sembrando a Pelayo. Padre e hijo se abrazan y se besan contentos.

Pelayo se va feliz con Román a su nidito de amor, a disfrutar de sus cuerpos. Trabaja duro pero está contento porque almenos él y Román están juntos sin tener rendir cuentas de lo que hacen a nadie.

Pasa un día, Fer va más temprano a su trabajo para tener tiempo que dedicarle a su guapo rubio. Quiere ver si él está.
--¡lástima que no tenga todo el dinero del mundo¡
Entra luego se arrepiente porque no es él quien la atiende.
--Me tengo que controlar –se va diciendo—si veo que me va a atender él vale pero sino no tiene sentido. No puedo ir cada día.
Pelayo está trabajando en el exterior. Ya ha colocado todas las sillas y las mesas y ahora le falta poner los cojines en las sillas. Lleva uno en la mano y está hablando con una chica.
--y es bonita para variar… claro… un chico guapo pues nunca se acercaría a alguien como yo –dice Fer para sí.
Lleva unos jeans anchos, no se le hace un culo especialmente bonito pero le gusta mucho. Una camiseta verde. Podía haber pasado por su lado pero ha preferido entrar por si él entraba y ahora siente celos de que no lo ve, que él está hablando con una bonita. Pide un batido de chocolate. Justo en el momento que se lo está acabando, se acerca desde fuera una cliente para pedir un helado y como la chica de dentro está fuera, pues Pelayo entra enseguida y es él quien la atiende. Pelayo está a dentro mirando hacia fuera que es donde está la cliente y Fer está justo detrás de Pelayo. En ese momento está contento de estar ahí porque lo ve en movimiento, porque le ve bien el culo y eso le gusta.
--no, de dulce de leche no tenemos –va diciendo Pelayo.
Fer lo mira enamorado.
--¡que guapo es¡ ¡¡que guapo es¡ --va diciendo para sí.
Le gusta, le gusta mucho. Está enamorado. Pelayo mira de reojo un segundo porque son demasiadas calientes las miradas de ese chico que se está poniendo cachondo. Fer se va saltando de alegría.
--¡es genial, me encanta, me vuelve loco¡




Fer pasa toda la mañana pensando en Pelayo. Sale a la una y pasa por la heladería.
--¡ojalá esté¡
Él está.
--¡doble regalo, que alegría¡ --dice para si.
Nunca lo había visto a esas horas pero ahora que lo piensa le suena que podía estar sentado en una de las mesas.
--¡¿porqué no me aseguré que no era él?
Fer lamente el tiempo que ha perdido. Pelayo lo tiene loco, de lejos observa todos sus movimientos. Un chico feo atiende a las mesas y él está con los helados. Fer no tiene dinero.
--¡que rabia¡
El chico le gusta, le gusta mucho tenerlo controlado.

Yoli va a casa de hermano, le habla de Pelayo. Sabe que a su hermano le gustaba Pelayo en la adolescencia. Confía en que aún siga enamorado de él y la ayude a vengarse, Ernesto se siente culpable porque ahora a quien ama es al marido de su hermana.

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