martes, 23 de febrero de 2010

Capitulo 29






Pelayo a Emilio se le metió dentro aquel día hace cuatro años que lo vio por casualidad. Nunca pensó que podría tenerlo tan cerca.
--¿me pones una horchata?
--¿mediana?
Están los dos solos. Emilio emocionado. Pelayo es muy frío. Cada vez siente más el deseo de Emilio hace él y eso lo incomoda. Pelayo se aparta de Emilio, aprovecha para ir limpiando las tapas de todas las neveras. Así no tiene que estar cerca de Emilio. Cuando compró el local, Emilio no sólo quería estar cerca de Pelayo, tiene la ilusión que fueran amigos. Ya se da cuenta que no, que Pelayo cada vez está más distante y eso le duele.

Días después, en la heladería, Pelayo está solo en la barra. Emilio enfrente de él. Lo desnuda por la mirada.
--¿me pones un batido de chocolate?
A Emilio le gusta sentirse como un cliente más, como aquel Emilio de semanas atrás que iba a esa heladería detrás de Pelayo. Sus sentimientos no han cambiado pero sí la situación, ahora es el jefe de Pelayo. Pelayo lleva una camiseta marrón con el número 42. Los pantalones cortos, muy anchos. No dejan gozar de su cuerpo. Lo mira y lo desea.
Le gusta estar cerca de Pelayo a él lo nota cada vez más distante.
--¿será que Samuel le contó algo? –piensa.
Pelayo siente que cada vez el deseo de Emilio hacia él es más fuerte y se siente acosado. Prefiere mantenerse distante. Emilio se da cuenta que Pelayo, en vez de acercarse a él como pretendía, se va alejando.
--¿después de todo lo que he hecho por él? –piensa.
Sabe que no tiene sentido estar pendiente de él si le molesta.
Pelayo le gusta mucho y le va a costar renunciar a verlo a diario. Normalmente Emilio ve a Pelayo muy atento a la máquina de batidor mientras se prepara el batido pero no en esta ocasión. Busca el helado en la nevera del escaparate, la leche. Pone la maquina de batir y se va. Emilio no esperaba esa actitud de él.
--¿es que tanto le cuesta estar conmigo? ¡sino le pido nada¡ --dice para sí.
Pelayo da la espalda a Emilio, apoyado en la nevera de helados. Mirando hacia la calle. Está pendiente del tiempo, mira el reloj. Emilio se da cuenta que lo hace por él, para no estar cerca suyo y eso le duele pero lo ama demasiado y le perdona todo. Pelayo se acerca cuando calcula que ya está. Lo mete en el vaso pero lo vuelve a poner en la máquina de batir con más leche. Un poco más. Luego de nuevo lo pone en el vaso. No le dice nada a Emilio pero se queda delante de él esperando. Emilio bebe un poco y entonces Pelayo le pone el resto. Normalmente Emilio ve como Pelayo limpia la máquina de batir a fondo pero Pelayo se siente incómodo con la mirada de Emilio clavada en él. Deja la máquina de batir en agua y se va a la barra del fondo. Entonces Pelayo se encierra en su despacho. Pelayo se queda solo a la hora de la comida. A Emilio le gustaría quedarse con él, comer juntos pero sabe que al chico no le gustaría. Aprovecha para quedarse un rato mirando fuera, escondido al lado del ayuntamiento. Le gusta ver como Pelayo se conforma cuando no hay nadie. Lo ve salir con un cigarro en la mano. Se queda fumando tranquilamente apoyado en la puerta.
--que guapo, que sensual…
Llega un cliente.
--vaya, pobre con lo tranquilo que está --dice Emilio.
Emilio está gozando con la imagen que veía de Pelayo y le da pena que lo hayan interrumpido. Pelayo deja su cigarro apoyado en un saliente de la pared. Pelayo está deseando fumar su cigarro pero no deja de entrar gente.
--pobre no lo dejan tranquilo, con todo lo que trabaja… --dice Emilio.
Sale junto a un cliente. Toma su cigarro y se quedan hablando un rato. Da las últimas caladas y tira la colilla al suelo.
--vaya, no ha cambiado nada –dice Emilio recordando como años atrás tiró el cartón del tabaco al suelo.
Entra y va al almacén. Luego vuelve a salir y enciendo otro cigarro.
--¡epa como fuma¡ --dice Emilio.
Disfruta mirándolo de lejos, sin que Pelayo se sienta acosado. Emilio puede gozar de lo que más le gusta: ver a Pelayo. Se queda tranquilamente apoyado en la pared. Fumando. Se nota agobiado y el tabaco lo relaja. Tira la colilla y enciende un nuevo cigarro.
--¡que guapo está¡
Emilio quisiera ir a su lado.
--¡le puedo hacer compañía… soy su jefe¡
Pero no le quiere imponer más su presencia. No quiere que se sienta presionado y acabe alejándose. Ve que Pelayo habla con alguien que se sienta en la mesa, Pelayo se apoya en la silla. Emilio se va moviendo para verlo. Está en zona peatonal pero pasan coches de vecinos y servicios. Emilio camina de espaldas y no se da cuenta de un coche que pasa. Se tira encima del coche. El conductor no iba rápido pero no ha podido frenar ya que Emilio es el que se puede decir que lo ha atropellado. Emilio pasa por encima del auto. Cae Se cabeza se estrella contra el suelo. Se queda sin conocimiento, su cabeza queda sobre una balsa de sangre. El conductor sale angustiado.
--¡no lo vi… no lo vi¡
Pelayo corre a ver lo que ha ocurrido. Al ver que es Emilio se lleva las manos a la cabeza. El conductor está muy nervioso mientras el chico que está con Pelayo llama a la policía. El conductor señala la heladería.
--¡no sé que hacía… estaba mirando hacía ahí y se me ha tirado encima¡ ¡no ha sido culpa mía¡
Pelayo está horrorizado.

Pelayo está solo en la heladería que la han cerrado al público. Lo visita el abogado de Emilio.
--es usted el que tiene que decidir dónde y cómo enterrarlo…
--¿y yo porqué?
El abogado le entrega a Pelayo una copia del testamento de Emilio:
--es usted su heredero universal… Es ahora un hombre muy rico.
Pelayo se ha quedado de piedra. Sabía que Emilio estaba medio enamorado de él pero ¿para regalarle una fortuna? Se toma una cerveza, se sienta mientras escucha al abogado impresionado.
;

Pelayo está desnudo en la ducha. Samuel en boxers a su lado.
--No puedo creerme todo lo que dices…
Pelayo mete la cabeza en la ducha.
--¡Emilio era un pervertido¡
Samuel mira a Pelayo con cierto reproche:
--¿te das cuenta que te ha regalado una fortuna por nada? ¿¿¡cómo te quejas?¡
Samuel en lo único en que piensa es que por 18 mil euros, que ahora le parece una miseria, él le vendió su cuerpo a Emilio. Se humilló y ahora Pelayo es un hombre muy rico sin hacer nada, sin ni siquiera haber tratado bien a Emilio. Pelayo agarra la toalla. Empieza a secarse.
A Samuel lo único que le consuela es que su secreto está a salvo.
--¿y qué vas a hacer?
--Seguiré trabajando en la heladería pero no como dueño.
--Eres millonario, lo mejor es aceptar ese dinero.
Pelayo está convencido de lo contrario.
--Ya olvida el tema… Hablé con un abogado… pagaremos lo que sea, pero tu hijo se quedará a tu lado.
Samuel llora al darse cuenta que su sacrificio al acostarse con Emilio no era necesario. Pelayo cree que está agradecido y emocionado.
--es lo menos que puede hacer.
A Samuel sólo le consuela que nadie sepa de lo ocurrido. Mientras, Ermenegildo mirando en el ordenador de Emilio da con su diario y comienza a leer.






Pelayo está solo en la heladería. No puede creer que ahora sea el dueño, que sea rico.
--¿me quería de verdad??murió por mi culpa?
Pelayo no quiere pensar que Emilio muriera porque lo estaba espiando. Ermenegildo toca la persiana que está medio bajada.
--¿puedo pasar?
--si claro.
Pelayo se muestra triste. Ermenegildo quiere apoyarlo.
--¿cómo ha ido el funeral?
Pelayo se siente agobiado, todo eso de ser el heredero de Emilio lo supera.
--ha sido tan triste, lo hemos enterrado con su abuela… No tenía familia, amigos… Nadie lo quería.
Ermenegildo pone sus manos en su hombro. Vibra. Ama a ese chico pero lo siente tan lejano y más ahora que es muy rico.
--¿sabes que encontramos el diario de Emilio? ¡estaba muy enamorado de ti, eras su vida¡ --comenta Ermenegildo.
--No sabía que lo conocías de antes…
--¿de antes de qué?
--Sí, de hace años, de Internet… Hasta tuvo guardado un paquete de tabaco que tiraste…
A Pelayo le pone muy nervioso hablar de Emilio.
--¡no quiero saber nada de ese hombre¡
--¿Ni si quiera que se acostó con Samuel al que le pagó 18 mil Euros y que soñaba hacerlo contigo?
Después del primer momento de sorpresa, lo que siente es pena por Samuel. Ahora ya no le faltará dinero a Samuel.
--Que esto no salga de nosotros…
--¿Lo vas a comentar con él…?
--No, es su vida…
--Emilio hizo locuras por ti, te amó de verdad…
--¿¿a eso lo llamas amor? ¡¡eso no es amor¡ ¡¡me da asco¡ -Pelayo con mucho odio.
Ermenegildo le acaricia la mejilla. No le gusta que esté enfadado:
--El amor que alguien siente por ti aunque no sea correspondido nunca puede dar asco… es tan fácil enamorarse de ti.
Ermenegildo desea declararle su amor por él pero Pelayo se siente agobiado.
--¡luego vengo¡
Pelayo acaricia a Ermenegildo fraternalmente y se va. Ermenegildo suspira enamorado. Entiende a Emilio, él también lo haría todo por Pelayo.

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